lunes, 31 de agosto de 2015

Escuela de Androides - 4



Tomado de la mano de Mia, era arrastrado hacia afuera del edificio de residencias, haciendo de nuevo la rutina de la tarjeta magnética en el robot receptor (ya se hacía tediosa esta tarea). Al salir, se podía observar el cielo nocturno alumbrado por una luna creciente. Mia infantilmente me guiaba por el campus, enseñándome algunas cosas y lugares -considera esto un tour- me decía sonriente, caminando por el edificio principal, el lugar se veía bastante decente, con la apariencia de un instituto privado. La noche no hacía de aquel lugar tenebroso como era de esperar, sino hasta un poco más divertido. Las luces quedaban encendidas y los jardines y campos del campus quedaban bastante visibles. Mia me explicaba sobre las diferentes áreas y salones en donde las clases tomaban lugar, explicándome sobre los grados escolares -Como tenemos tiempo de sobra, solemos tomarnos las clases con calma. Algunos vemos las clases que querramos. Yo veo danza, por ejemplo- me explicó, notando mi cara de entre burla y confusión -No sólo el baile del robot- me respondía con su ya típico sarcasmo, seguido de una risita infantil la cual imite apenado. Supuse que con sus movimientos era capaz de programarse cosas un poco más fluidas, después de todo, los nuevos modelos imitaban el movimiento humano a la perfección, aunque con mucha más precisión.
Seguimos explorando el lugar, pasando por la cancha deportiva. Mi cuerpo tuvo un ligero escalofrío al recordar el golpe que recibí esa mañana, uno que difícilmente podría olvidar con el tiempo. Mia entonces me guio hacia un lugar que se notaba abandonado, una piscina vacía que parecía ser de natación -Vaya, esto se ve algo desgastado- hice notar, a lo que la androide asintió -Nosotros no podemos nadar, y es muy costoso mantener la piscina para las pocas personas que hay- explicaba mientras observaba aquel lugar a la intemperie.
Mia continúo dándome aquel tour nocturno hasta la medianoche, momento en que mis ojos empezaban a pesar. Pude recorrer todo el campus (o al menos gran parte de él). Mientras volvíamos a las residencias, Mia sacó de sus bolsillos un reproductor de música, sin importarle ponerlo en altavoz. De aquel reproductor sonaba una movida canción en el conocido "Lenguaje Maquina", que a pesar de ello, seguía siendo un sonido agradable.
Mia bailaba y movía sus manos al ritmo de la letra (en lugar del ritmo de la música acompañante), me pareció gracioso y no pude evitar soltar una pequeña risa. Ella sólo sonrió. Llegamos a las residencias, y cada quien tomó su camino hasta su respectiva habitación -no vayas a dejar la puerta abierta de nuevo- me avisó, a lo que yo asentí.
De vuelta en mi habitación, me puse a pensar en lo que había sucedido en el día. Fuera de aquel gorila humanoide, ningún otro autómata me había causado problema alguno. Puede que quizá tengan una función en este mundo...

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