Tomado de la mano de Mia, era arrastrado hacia afuera del
edificio de residencias, haciendo de nuevo la rutina de la tarjeta magnética en
el robot receptor (ya se hacía tediosa esta tarea). Al salir, se podía observar
el cielo nocturno alumbrado por una luna creciente. Mia infantilmente me guiaba
por el campus, enseñándome algunas cosas y lugares -considera esto un tour- me decía
sonriente, caminando por el edificio principal, el lugar se veía bastante
decente, con la apariencia de un instituto privado. La noche no hacía de aquel
lugar tenebroso como era de esperar, sino hasta un poco más divertido. Las
luces quedaban encendidas y los jardines y campos del campus quedaban bastante
visibles. Mia me explicaba sobre las diferentes áreas y salones en donde las
clases tomaban lugar, explicándome sobre los grados escolares -Como tenemos
tiempo de sobra, solemos tomarnos las clases con calma. Algunos vemos las
clases que querramos. Yo veo danza, por ejemplo- me explicó, notando mi cara de
entre burla y confusión -No sólo el baile del robot- me respondía con su ya
típico sarcasmo, seguido de una risita infantil la cual imite apenado. Supuse
que con sus movimientos era capaz de programarse cosas un poco más fluidas, después
de todo, los nuevos modelos imitaban el movimiento humano a la perfección,
aunque con mucha más precisión.
Seguimos explorando el lugar, pasando por la cancha
deportiva. Mi cuerpo tuvo un ligero escalofrío al recordar el golpe que recibí
esa mañana, uno que difícilmente podría olvidar con el tiempo. Mia entonces me guio
hacia un lugar que se notaba abandonado, una piscina vacía que parecía ser de natación
-Vaya, esto se ve algo desgastado- hice notar, a lo que la androide asintió
-Nosotros no podemos nadar, y es muy costoso mantener la piscina para las pocas
personas que hay- explicaba mientras observaba aquel lugar a la intemperie.
Mia continúo dándome aquel tour nocturno hasta la
medianoche, momento en que mis ojos empezaban a pesar. Pude recorrer todo el
campus (o al menos gran parte de él). Mientras volvíamos a las residencias, Mia
sacó de sus bolsillos un reproductor de música, sin importarle ponerlo en
altavoz. De aquel reproductor sonaba una movida canción en el conocido
"Lenguaje Maquina", que a pesar de ello, seguía siendo un sonido
agradable.
Mia bailaba y movía sus manos al ritmo de la letra (en lugar del
ritmo de la música acompañante), me pareció gracioso y no pude evitar soltar
una pequeña risa. Ella sólo sonrió. Llegamos a las residencias, y cada quien
tomó su camino hasta su respectiva habitación -no vayas a dejar la puerta
abierta de nuevo- me avisó, a lo que yo asentí.
De vuelta en mi habitación, me puse a pensar en lo que había
sucedido en el día. Fuera de aquel gorila humanoide, ningún otro autómata me
había causado problema alguno. Puede que quizá tengan una función en este
mundo...
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