lunes, 17 de agosto de 2015

Escuela de Androides - 2



Esa mañana tuve un sueño...
Estaba en mi casa, en mi habitación para ser más preciso. Recordaba como aprendí a tocar la guitarra de niño, tendría unos 8 o 10 años, y junto con mi amigo Jun teníamos una banda, él se dedicaba a tocar el bajo mientras yo tocaba la guitarra. Solíamos divertirnos mucho, mi madre incluso nos servía galletas esos días de banda. Fue bonito hasta que él tuvo que irse. Algo me despertó abruptamente...

Abrí mis ojos y pude ver allí a una chica, de ojos azul oscuro que brillaban en cuadros de vez en cuando, como la pantalla de un computador antiguo. A pesar de este detalle, su cara era bastante humana, aun cuando no poseía imperfecciones graves como lunares o marcas de nacimiento, a distancia sería difícil de diferenciar entre un autómata y una modelo. Ella estaba observándome directamente, parpadeando de vez en cuando. Con lo poco somnoliento que estaba, mi primera reacción fue gritar con intensidad y alejarme hacia la cabecera de la cama, golpeándome en la cabeza por eso.
- ¿¡Que rayos haces aquí!?- fue mi primera pregunta, tras el quejido de dolor por el dolor en mi cabeza. Ella rio un poco y me miró -Perdona si te asusté- dijo en un tono algo infantil, aunque con voz de apariencia madura -Sólo quería ver quien eras- dijo con una risita. Molesto, me baje de la cama y la observé - ¿¡Que no tienes concepto de privacidad!? - le grité, a lo que ella sarcástica replicó -Tú no tienes ese concepto- y apuntó hacia la puerta, la cual estaba abierta. Recordé en ese momento que cuando llegué caí dormido sin arreglar mis cosas o cerrar la puerta. Mis cosas seguían en perfecto lugar dentro de las maletas. Deduje que la autómata no tocó nada, lo que me alivió en el momento -Igual no es razón para entrar en cuartos de otros- replique, caminando alrededor de mi propia habitación -Vete, ahora- le ordené, en tono autoritario. Al ser ella un robot, espere que inmediatamente obedeciese sin chistar, pero en su lugar, se quedó observando los alrededores -He dicho: vete- repetí. -No- dijo ella, mirándome luego -¿Quién crees que eres para mandarme?- preguntaba, mirando por la ventana. Algo furioso ya, respondí a su pregunta -Soy una persona ¡Ahora vete!- ella volteó a verme, furiosa igual -Con esa actitud no vas a conseguir amigos- me dijo, caminando hacia la puerta. Me sentí victorioso cuando, antes de que ella se marchase, sentí el rugir de mi estómago -Tienes hambre ¿no?- preguntó, a lo que yo apenado asentí. Ella sólo sonrió y se quedó en la puerta -Puedo llevarte a la cafetería si quieres- me ofreció, siempre con esa sonrisa amable. Podrá haber sido el hambre, su sonrisa o mi desesperación, pero asentí con palabras y caminé detrás de ella, cerrando mi habitación tras de mí. Mientras pasábamos por las puertas de aquel edificio, no pude evitar notar que la mía era la única no numerada, supuse que para ellos era más sencillo aprenderse los números y programarse a seguirlos. Bajamos por el ascensor y volví a ver aquel robot que daba las llaves. Fubuki estaba allí con él, y me dio un saludo seguido de una sonrisa al ver a la chica al lado mío -Mia-chan, parece que has hecho nuevos amigos- dijo él, con una silenciosa sonrisa de respuesta de parte de la chica, quien saludó tanto al chico como a la maquina a su lado. Ella dejó en el mostrador una tarjeta que sacó del bolsillo de su blusa, y Fubuki me observó y dijo que hiciera lo mismo -Yo me encargo hoy, pero te enseñare luego el porqué de esto- dijo él. Cuando revisé mis bolsillos me di cuenta que yo no poseía ninguna tarjeta más que mi carné, pero ese no era magnético -Yo la tengo- dijo la autómata, entregándole al chico la tarjeta que él mismo me había entregado más temprano en la mañana. Antes de marcharme, noté que Fubuki se encontraba uniformado, y que el robot a su lado poseía una temática similar a dicho uniforme. La autómata ya había emprendido su camino hacia la salida del edificio y me observaba con espera -¿Vamos?- pregunto ella, y yo le seguí el paso -vale- dije, hambriento.
La autómata al parecer utilizaba ropas que no estaban conectadas a ella, pude notar eso por la forma en que la ropa se movía con el viento. Si un humano de su talla utilizase el mismo conjunto, quedaría exactamente igual. Aquello me extrañó, pues normalmente los robots utilizaban una ropa única hecha de materiales duros y no de tela. Aún con eso, fue lo menos raro que conseguí en aquel instituto. Pude notar a la distancia, personas que hablaban entre sí. Según tenía entendido, esta era una escuela de autómatas, no mixta, por lo que no debería haber personas estudiantes además de mi persona. Al volver a ver a Mia, supe que eran como ella, con una apariencia humana imperfecta y bastante natural. Mi estómago volvió a rugir mientras pasábamos en frente del edificio principal, que tenía una entrada directa hacia la cafetería (¿o sería una salida directa al patio?). Una vez allí, pude notar grupos pequeños de autómatas bastante humanoides estando allí y... ¿comiendo? -Oye, estos son todos au... androides- dije, forzándome a no ofenderle -¿cierto? ¿Cómo es que pueden comer?- Mia rio infantilmente de nuevo, mirándome -Claro que pueden, pueden recibir energía de ese modo, el sol no es la única fuente. ¿Sabes?- dijo con ese pequeño sarcasmo que supuse era característico de su programación. Estaba demasiado hambriento para seguir pensando en las consecuencias de ese asunto, así que empecé a hacer la fila para servirme. Era bastante corta, y se parecía mucho a la de mi antigua escuela, con otros autómatas sirviendo la comida en platos. Antes de ser si quiera servido, detuve a la robot del mostrador -No, espere- dije, y ante su mirada extrañada le pregunté -¿hay algún humano por aquí?-. Ella siguió extrañada, y me respondió con amabilidad, igual que las que atendían las cafeterías de mi escuela en casa. Tan pronto dio su respuesta, fue a la zona de cocina y a los pocos segundos, pude ver a una figura bastante familiar. -¿¡Ashiko!?- grité en sorpresa, observando a aquella chef en un uniforme de cafetería -Oh, un fan. Espero no hayas entrado aquí sólo para buscarme- tras aquello, me sonrojé un poco. Según recuerdo, ella era una chef profesional que incluso había escrito libros que mi madre compraba. La observé atentamente y no había en ella ni una pizca de robótica, al contrario, podían notarse las arrugas en su rostro -Pero... Usted es una profesional- dije tartamudeando un poco, no creyendo que estaba ante tal figura. -Sí, así es. Pero me gusta trabajar aquí- explicó ella tranquilamente -¿Por qué me llamaste? Espero que no esperes un almuerzo especial de mis libros... - -¡No!- exclamé, algo apenado -Sólo quería... algo que pudiese comer- admití, ante lo que tanto la señora robot y Ashiko me miraban extrañadas. La chef soltó una carcajada y me explicó -la comida aquí es comestible, te lo puedo asegurar yo. Aquí también trabajan humanos ¿sabes? Comemos igual que tu- dijo, con lo que Mia soltó una risita de burla. Apenado, dejé que la autómata terminase de servir mi comida, y vi como Mia se servía un poco igual, siguiéndome hacia una mesa vacía donde me senté. Empecé a comer con un poco de desespero, mientras Mia comía con tranquilidad. La observé y note que todo lo que estaba en el plato era consumido. Pensé que eso era echar comida a la basura, y Mia pudo percibir eso -La comida nos da energía ¿sabes?- dijo, sonriéndome -es muy útil si estamos en interiores o en días nublados, así no usamos la batería de emergencia. Es algo que todos saben- explicó. Yo asentí con mi cabeza entendiendo aquello y terminando lo que me había servido. Mia empujó su plato hacia mí, pero lo rechacé -Gracias, pero estoy lleno-. Ella replicó -mientes- aseveró, cosa que había de admitir cierta. Apenado, tomé su plato y empecé a comer con timidez, terminando lo que allí había ante su mirada. Ella tenía sus codos apoyados en la mesa y sus manos sostenían su rostro, parecía una niña observándome. -Oye... pensé que sólo me acompañarías hasta la cafetería- dije a modo de queja, lo que ella lo tomó un poco mal. Se incorporó e iba a irse -no tienes que ser tan grosero- me regaño, y se iba a marchar hasta que la detuve con un "¡Espera!" -Gracias por... traerme aqui y por la comida- dije tras una pausa, y ella sonrió -Oye, azul. ¿Quieres pasear mañana?- me preguntó infantilmente, no di respuesta, pues ella ya se marchaba -Mi habitación es la 503, búscame- dijo, sonriendo y corriendo hacia la salida como una niña joven. Reí un poco con eso, y me levanté con mi plato, pero un balón de futbol golpeó mi bandeja y con ello el plato y los restos. Furioso, deje escapar un suspiro de molestia, mirando al balón. Un chico con chaqueta deportiva se me acerca rápidamente, tomando el balón y mirándome con lo que parecía un rostro apenado -Lo siento colega, fue mi error- me dice, esperando respuesta de mí. Con mis manos empuñadas le enfrento -¿¡Error!? ¿¡Cómo una maquina puede cometer un error!? ¡Estas fallo!- grité. El chico estaba notoriamente apenado, y con la mirada baja se seguía disculpando -Es parte de mí, tengo un margen de error... No soy perfecto, igual que tu- intentaba explicarme, aquello me enfureció un poco más -Escucha, no soy el patán de las películas ¿sabes? Solo soy un jugador... disculpa por mi error- dijo, alejándose con sus compañeros. Recogí las cosas del suelo y las llevé a su lugar, escuchando sus palabras en mi mente una vez más "No soy perfecto", eso parecía ilógico ¿Para qué hacer una máquina que cometa errores? ¿Y hasta qué punto podía equivocarse? Mientras en mi mente seguía con esas interrogantes, volteé a ver al chico. Desde que llegué, ambos autómatas, uno de piel bronceada y pelo castaño y otro de pelo verde y piel un poco más clara jugaban a lanzarse dicho balón, pero ahora el balón se quedaba en la mesa, quieto, como los juguetes de un niño al que regañas.

Salí de la cafetería y volví a las residencias, pues tenía que acomodar mis cosas. En el trayecto pude notar canchas deportivas y similares, además de parques y árboles que nada tenían de artificial. Era una escuela cualquiera, pero allí estudiaban autómatas. Aquello no tenía sentido para mí, pero no me quede a pensarlo por mucho. Al volver a las residencias, no vi a Fubuki en ningún lugar, pero el robot receptor se encontraba allí. Me acerqué a él y rápidamente se percató de mi existencia, pero no supe qué hacer al respecto para obtener mi llave. Intenté dándole órdenes habladas, pero estas hacían nulo efecto. Cuando extendí mi mano en esperas de recibir la tarjeta magnética, este de inmediato saco dicha tarjeta del agujero que estaba en su "mano" y se quedó así hasta que yo la tomé. Fui hasta mi habitación y la tarjeta funcionaba tranquilamente, así que supuse que estaba puesta para mí, de algún modo. Entré y proseguí a arreglar mis cosas, y hacer de aquella habitación, "mi" habitación. Estuve toda la tarde en ello, e incluso me comí las galletas de chocolate que compré en el aeropuerto. Al terminar, podía ver el cielo nocturno y las blancas luces que alumbraban el campus. Al ver la hora, decidí irme a dormir y descansar, y tomar un tour el día siguiente.

Esa noche olvide cerrar mi puerta, y al día siguiente ya estaba cerrada, desconozco cómo.

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