martes, 11 de agosto de 2015

Escuela de Androides - 1




Kihito, una de las tantas ciudades de luces.

Podía observar gran cantidad de anuncios luminosos, carros y personas andando casi por igual, aún en una región tan poco poblada en la antigüedad, ha llegado a ser un centro comercial e industrial. Alrededor del aeropuerto se notaba la muchedumbre caminando a todos lados, fue difícil conseguir un taxi, más por el hecho de que no querían acercarse a "esa región" de la ciudad. No los culpo, es un alivio poder alejarse un poco de aquellos seres, pero no podía fallarle a mi escuela, menos a estas alturas del viaje. Decidí tomar un carro hasta una zona cercana y de allí caminar. Me coloqué mis audífonos y me puse a escuchar una canción algo movida, dejándome llevar por el ritmo.

Llegue al lugar, y el chofer amablemente me dejó más adelante, casi en la entrada de las residencias. Le agradecí por ello y el sonriente dijo que no había razón de ello. Tomé mi extensa cantidad de maletas y proseguí hasta las residencias; en la puerta se encontraba un vigilante, quien era obviamente del tipo robótico. Me saludó y me extendió la mano, pidiéndome alguna clase de identificación -Traje un carné- le dije, soltando varias de mis maletas y buscando mi carnet estudiantil, pero antes de poderlo mostrar, una voz masculina, aparentemente joven, proveniente de una silueta en las sombras detenía mis acciones -No será necesario, viene conmigo- dijo. Pensé que el robot no entendería tanto palabrerío, sin embargo, se retiró y con un ademán hizo abrir la puerta eléctrica, y la figura salía de esas sombras de madrugada que le cubrían el cuerpo. Se mostró ante mi sonriente -Bluend Acronds ¿No es así? Te estaba esperando- dijo, y pude notar tanto en sus acciones como su acento que se trataba de un humano. Tomé mis maletas y le seguí, caminando hacia lo que serían las residencias. Al parecer, según las indicaciones del chico (cuyo nombre era Fubuki) yo poseía una habitación un poco separada del resto, debido a mis diferentes necesidades, esta era la única habitación que poseía baño en aquel piso, y realmente, necesitaba una de esas en aquel preciso instante.
Fubuki me dijo que el día siguiente sería feriado, por lo que tenía dos días para pasear alrededor del Campus y hacer amigos. Me dio indicaciones sobre lo permitido y lo prohibido en general, además de indicarme las áreas que yo necesitaría más (como el área de comidas, obligatoria para mí pero opcional para los autómatas) -¡Ah! Y otra cosa... ellos odian ser llamados "Autómatas", es un peyorativo bastante fuerte- explicó, ante lo que yo replique -Es su término legal ¿Cómo quieres que les diga?- pregunté, y él sólo me indicó el folleto que yo mismo poseía en mi mano -Podrás ver que utilizan mucho la palabra "androide". Pero lo mejor será que les trates como a cualquiera, sin tratos especiales- dijo, pero ignoré esas palabras. Los androides no son iguales que las personas, no merecían ser tratados del mismo modo, era algo de lo que estaba consciente. Detrás del folleto pude ver la nota que me había dejado la señorita Di Zoleta, donde me especificaba no ser insolente. Suspiré a sabiendas que debía obedecer sin chistar, caminando hacia lo que serían las residencias.
El edificio de residencias parecía un pequeño hotel de calidad, algo automatizado en algunos aspectos, pero con muchas partes naturales. Fubuki entregó una tarjeta magnética a un robot que no poseía apariencia humanoide y este se la devolvió de inmediato, dándomela luego a mi -Bluend-san, esta es su llave, su habitación es la 50- dijo, haciendo una pequeña reverencia y retirándose. Me sorprendí ante la rapidez de aquella despedida, pero los rayos matutinos del sol me hacían entender que tendría otros asuntos pendientes por hacer, y no podía continuar con aquel recorrido. Proseguí hacía mi habitación, accediendo a través de un ascensor hasta el piso correspondiente y llegando a la puerta, dejando todas mis maletas en algún lugar de lo que sería la sala de estar y mirando a mi alrededor. Esperaba ver una habitación pequeña, similar a la de un hotel, sin embargo este era un departamento bien formado, incluso más grande que algunos apartamentos caros de mi ciudad.
Me eché en mi cama y cerré mis ojos, cansado por el viaje, caí dormido casi sin darme cuenta.

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