lunes, 31 de agosto de 2015

Escuela de Androides - 4



Tomado de la mano de Mia, era arrastrado hacia afuera del edificio de residencias, haciendo de nuevo la rutina de la tarjeta magnética en el robot receptor (ya se hacía tediosa esta tarea). Al salir, se podía observar el cielo nocturno alumbrado por una luna creciente. Mia infantilmente me guiaba por el campus, enseñándome algunas cosas y lugares -considera esto un tour- me decía sonriente, caminando por el edificio principal, el lugar se veía bastante decente, con la apariencia de un instituto privado. La noche no hacía de aquel lugar tenebroso como era de esperar, sino hasta un poco más divertido. Las luces quedaban encendidas y los jardines y campos del campus quedaban bastante visibles. Mia me explicaba sobre las diferentes áreas y salones en donde las clases tomaban lugar, explicándome sobre los grados escolares -Como tenemos tiempo de sobra, solemos tomarnos las clases con calma. Algunos vemos las clases que querramos. Yo veo danza, por ejemplo- me explicó, notando mi cara de entre burla y confusión -No sólo el baile del robot- me respondía con su ya típico sarcasmo, seguido de una risita infantil la cual imite apenado. Supuse que con sus movimientos era capaz de programarse cosas un poco más fluidas, después de todo, los nuevos modelos imitaban el movimiento humano a la perfección, aunque con mucha más precisión.
Seguimos explorando el lugar, pasando por la cancha deportiva. Mi cuerpo tuvo un ligero escalofrío al recordar el golpe que recibí esa mañana, uno que difícilmente podría olvidar con el tiempo. Mia entonces me guio hacia un lugar que se notaba abandonado, una piscina vacía que parecía ser de natación -Vaya, esto se ve algo desgastado- hice notar, a lo que la androide asintió -Nosotros no podemos nadar, y es muy costoso mantener la piscina para las pocas personas que hay- explicaba mientras observaba aquel lugar a la intemperie.
Mia continúo dándome aquel tour nocturno hasta la medianoche, momento en que mis ojos empezaban a pesar. Pude recorrer todo el campus (o al menos gran parte de él). Mientras volvíamos a las residencias, Mia sacó de sus bolsillos un reproductor de música, sin importarle ponerlo en altavoz. De aquel reproductor sonaba una movida canción en el conocido "Lenguaje Maquina", que a pesar de ello, seguía siendo un sonido agradable.
Mia bailaba y movía sus manos al ritmo de la letra (en lugar del ritmo de la música acompañante), me pareció gracioso y no pude evitar soltar una pequeña risa. Ella sólo sonrió. Llegamos a las residencias, y cada quien tomó su camino hasta su respectiva habitación -no vayas a dejar la puerta abierta de nuevo- me avisó, a lo que yo asentí.
De vuelta en mi habitación, me puse a pensar en lo que había sucedido en el día. Fuera de aquel gorila humanoide, ningún otro autómata me había causado problema alguno. Puede que quizá tengan una función en este mundo...

sábado, 29 de agosto de 2015

Una leyenda de la noche.



¡Hola! Bueno, esta vez me inspiré escribiendo en base a un rol que había tenido hace un tiempo, junto con unas canciones que me gustaron. Aqui les dejo las canciones que inspiraron a esta historia. Puede que haya desvirtuado un poco la historia de ambos videos, pero fueron "inspiración", no "copia" XD

lunes, 24 de agosto de 2015

Escuela de Androides - 3


Desperté con el ruido de mi celular, sonando incesante en la mesita al lado de la cama. Aunque era día feriado, la alarma seguía activa, lo que hizo que me despertase más temprano de lo que sería usual en feriado. Me levanté de mi cama con la misma rutina que todas las personas tendrían, mirándome en el espejo un rato. "¿Los androides tendrán rutina matutina?" me pregunté, terminando con la rutina, visitándome y saliendo de la habitación, directamente hacia la planta baja del edificio de residencias. Antes de salir, el robot receptor me detuvo con una alarma, la cual no comprendí. Me acerqué al robot y vi que extendía su mano con aquel hueco para tarjetas, que aún no comprendía su función por completo. Imité lo que Fubuki y Mia habían hecho el día anterior e introduje mi tarjeta magnética en la ranura, lo que hizo que el robot volviera a su posición inicial.
Salí del edificio algo confundido, mirando a mis alrededores, en busca de algo entretenido que hacer fuera de la rutina. El primer lugar a donde ir era la cafetería, para un desayuno rápido, el cual tuve. Pero después de eso no había mucho que hacer, era nuevo en este lugar y nada se me hacía familiar en absoluto. Paseé por el campus mirando a mis alrededores, notando como era el lugar. Parecía hecho a la medida de humanos, tanto que se quedaban a vivir y estudiar allí, como para los que podrían vivir cerca. De lo poco que recuerdo del folleto y lo que busqué por internet, tenía entendido que era una escuela para humanos hasta que la hicieron para robots. Aún no sabía que tenía de especial, fuera de aquel extraño robot receptor en la planta baja de la residencia, todo lo demás parecía en su lugar, incluso campos deportivos. "¡Deportes!" pensé, dándome cuenta que los androides no tenían permitidos participar en torneos deportivos (ni si quiera contra aquellos que poseía prostéticos robóticos), así que aquello sería un lugar abandonado, si había algún campo en los alrededores. Paseé por mis alrededores buscando algún campo deportivo, observando a lo lejos un campo ancho, viendo las dos largas y altas metas en donde se lanzaban el balón. Aunque no era una persona de deportes, pensé en pasear por allí y ver que había en aquel lugar. Al llegar, mi sorpresa fue mucha, notando como estaba un grupo de jugadores en lo que parecían "entrenar". ¿Para qué entrenar? pensé, ellos podrían ser construidos con un cuerpo apto para aquel deporte, así como ser programados con los movimientos necesarios para ello. Me parecía estúpido y hasta absurdo.
Noté como no había ningún entrenador realmente, y el "capitán" del equipo (o quien pareciera serlo) daba los lineamientos sobre cómo mejorar los movimientos y estrategias. Me reí internamente. Nunca había visto a los robots jugando algún deporte que no fuera boxeo, así que lo vi como inútil a todo momento. Seguí caminando observando la escena, sin fijarme en un chico, no... Más bien un hombre, unos 2 metros de altura, y de contextura ancha. Aunque obviamente habrá estado construido de materiales sintéticos, su choque se sintió tal como sería el de una persona de su tamaño y peso. El tipo no esperó a mi reacción y me empujó, mirándome fijamente -¿Qué te sucede, novato? ¿Deseas morir acaso?- caí al suelo por su empujón, y camine hacia atrás temeroso. Me incorporé como pude -No puedes hacerme nada... ¡No puedes tocarme!- le advertí. El chico deportista de la cafetería el día anterior estaba allí, y corrió a interponerse entre el chico y yo -Bill, no le hagas nada, fue un accidente- intentó decirle, pero el tipejo le empujó a un lado, caminando hacia mí, y tomándome del cuello de la camisa -Eres débil ¿eh?- me dijo a mi rostro, mientras yo intentaba librarme de él. El chico a su lado intentaba detenerle en gritos, pero el autómata me golpeó, en el estómago, a lo que no pude hacer más nada que quedarme en el suelo por el dolor. Su fuerza era descomunal, e hizo que vomitara. Tan pronto expulsé aquellos viscosos líquidos, el autómata se echó para atrás en temor -E-eres... humano- decía asustado, y el otro chico le golpeaba en la cabeza, regañándole -¡Te lo dije! ¡Maldición Bill!- después de eso corrió hacia mí, dándome ayuda y chequeándome -¿Estas bien? Oye, no lo vayas a denunciar ¿Si? el tipo es un idiota, pero no por ello tienes que denunciarlo- me decía, con palabras cada vez más convencedoras. Se notaba en su voz tartamudeante el miedo que tenía, y su explicación iba con cada vez más excusas -No podemos perder nuestro mejor jugador, anda colega, no le denuncies ¿vale?- me pedía cada vez más insistente, hasta que no soporté -¡Bien!¡No lo haré!- grité, incorporándome con dolor y asco en mi boca. Tenía bastante tiempo sin haber vomitado, y el golpe en el estómago era un dolor nuevo para mí.
Salí del campo de forma lenta, casi arrastrando mis pies, escuchando los demás regaños del chico hacia el tipo gigante -¿¡Acaso quieres ser ejecutado!?- le gritaba, a un punto que ya no escuchaba aquello. Fui hacia la cafetería, fue mi instinto buscar a un humano, además de algo de agua -¡Señora Ashiko!- grite, esperando que llegase pronto. Su salida fue inmediata, aunque al comienzo con cara de fastidio, notó mi brazo agarrando mi estómago, y corrió hacia mí y me tomó -¿no sabes dónde queda la enfermería?- preguntó -Soy nuevo... aquí...- respondí con dificultosa respiración. Minutos después ya me encontraba en la enfermería, atendido del mismo modo que la cafetería, por una humana y un robot. A diferencia de la cafetería, esta era una habitación pequeña y no había ningún robot fuera del asistente de la enfermera -Doctora, si no es mucha molestia- me corrigió, ayudándome con aquel dolor por el golpe, y a la vez interrogándome por la causa de ello. Estaba a punto de confesar la verdadera razón del dolor, pero dije una mentira rápidamente -Me golpeé con una mesa... no me fije por donde iba- dije, cosa que no convenció mucho ni a la cocinera ni la doctora, pero me dejaron ir así nomas.
El dolor no se iría sino hasta horas después, y tuve que pasar el resto del día aguantándolo, hasta la noche, que volví a mi habitación en las residencias.

lunes, 17 de agosto de 2015

Escuela de Androides - 2



Esa mañana tuve un sueño...
Estaba en mi casa, en mi habitación para ser más preciso. Recordaba como aprendí a tocar la guitarra de niño, tendría unos 8 o 10 años, y junto con mi amigo Jun teníamos una banda, él se dedicaba a tocar el bajo mientras yo tocaba la guitarra. Solíamos divertirnos mucho, mi madre incluso nos servía galletas esos días de banda. Fue bonito hasta que él tuvo que irse. Algo me despertó abruptamente...

Abrí mis ojos y pude ver allí a una chica, de ojos azul oscuro que brillaban en cuadros de vez en cuando, como la pantalla de un computador antiguo. A pesar de este detalle, su cara era bastante humana, aun cuando no poseía imperfecciones graves como lunares o marcas de nacimiento, a distancia sería difícil de diferenciar entre un autómata y una modelo. Ella estaba observándome directamente, parpadeando de vez en cuando. Con lo poco somnoliento que estaba, mi primera reacción fue gritar con intensidad y alejarme hacia la cabecera de la cama, golpeándome en la cabeza por eso.
- ¿¡Que rayos haces aquí!?- fue mi primera pregunta, tras el quejido de dolor por el dolor en mi cabeza. Ella rio un poco y me miró -Perdona si te asusté- dijo en un tono algo infantil, aunque con voz de apariencia madura -Sólo quería ver quien eras- dijo con una risita. Molesto, me baje de la cama y la observé - ¿¡Que no tienes concepto de privacidad!? - le grité, a lo que ella sarcástica replicó -Tú no tienes ese concepto- y apuntó hacia la puerta, la cual estaba abierta. Recordé en ese momento que cuando llegué caí dormido sin arreglar mis cosas o cerrar la puerta. Mis cosas seguían en perfecto lugar dentro de las maletas. Deduje que la autómata no tocó nada, lo que me alivió en el momento -Igual no es razón para entrar en cuartos de otros- replique, caminando alrededor de mi propia habitación -Vete, ahora- le ordené, en tono autoritario. Al ser ella un robot, espere que inmediatamente obedeciese sin chistar, pero en su lugar, se quedó observando los alrededores -He dicho: vete- repetí. -No- dijo ella, mirándome luego -¿Quién crees que eres para mandarme?- preguntaba, mirando por la ventana. Algo furioso ya, respondí a su pregunta -Soy una persona ¡Ahora vete!- ella volteó a verme, furiosa igual -Con esa actitud no vas a conseguir amigos- me dijo, caminando hacia la puerta. Me sentí victorioso cuando, antes de que ella se marchase, sentí el rugir de mi estómago -Tienes hambre ¿no?- preguntó, a lo que yo apenado asentí. Ella sólo sonrió y se quedó en la puerta -Puedo llevarte a la cafetería si quieres- me ofreció, siempre con esa sonrisa amable. Podrá haber sido el hambre, su sonrisa o mi desesperación, pero asentí con palabras y caminé detrás de ella, cerrando mi habitación tras de mí. Mientras pasábamos por las puertas de aquel edificio, no pude evitar notar que la mía era la única no numerada, supuse que para ellos era más sencillo aprenderse los números y programarse a seguirlos. Bajamos por el ascensor y volví a ver aquel robot que daba las llaves. Fubuki estaba allí con él, y me dio un saludo seguido de una sonrisa al ver a la chica al lado mío -Mia-chan, parece que has hecho nuevos amigos- dijo él, con una silenciosa sonrisa de respuesta de parte de la chica, quien saludó tanto al chico como a la maquina a su lado. Ella dejó en el mostrador una tarjeta que sacó del bolsillo de su blusa, y Fubuki me observó y dijo que hiciera lo mismo -Yo me encargo hoy, pero te enseñare luego el porqué de esto- dijo él. Cuando revisé mis bolsillos me di cuenta que yo no poseía ninguna tarjeta más que mi carné, pero ese no era magnético -Yo la tengo- dijo la autómata, entregándole al chico la tarjeta que él mismo me había entregado más temprano en la mañana. Antes de marcharme, noté que Fubuki se encontraba uniformado, y que el robot a su lado poseía una temática similar a dicho uniforme. La autómata ya había emprendido su camino hacia la salida del edificio y me observaba con espera -¿Vamos?- pregunto ella, y yo le seguí el paso -vale- dije, hambriento.
La autómata al parecer utilizaba ropas que no estaban conectadas a ella, pude notar eso por la forma en que la ropa se movía con el viento. Si un humano de su talla utilizase el mismo conjunto, quedaría exactamente igual. Aquello me extrañó, pues normalmente los robots utilizaban una ropa única hecha de materiales duros y no de tela. Aún con eso, fue lo menos raro que conseguí en aquel instituto. Pude notar a la distancia, personas que hablaban entre sí. Según tenía entendido, esta era una escuela de autómatas, no mixta, por lo que no debería haber personas estudiantes además de mi persona. Al volver a ver a Mia, supe que eran como ella, con una apariencia humana imperfecta y bastante natural. Mi estómago volvió a rugir mientras pasábamos en frente del edificio principal, que tenía una entrada directa hacia la cafetería (¿o sería una salida directa al patio?). Una vez allí, pude notar grupos pequeños de autómatas bastante humanoides estando allí y... ¿comiendo? -Oye, estos son todos au... androides- dije, forzándome a no ofenderle -¿cierto? ¿Cómo es que pueden comer?- Mia rio infantilmente de nuevo, mirándome -Claro que pueden, pueden recibir energía de ese modo, el sol no es la única fuente. ¿Sabes?- dijo con ese pequeño sarcasmo que supuse era característico de su programación. Estaba demasiado hambriento para seguir pensando en las consecuencias de ese asunto, así que empecé a hacer la fila para servirme. Era bastante corta, y se parecía mucho a la de mi antigua escuela, con otros autómatas sirviendo la comida en platos. Antes de ser si quiera servido, detuve a la robot del mostrador -No, espere- dije, y ante su mirada extrañada le pregunté -¿hay algún humano por aquí?-. Ella siguió extrañada, y me respondió con amabilidad, igual que las que atendían las cafeterías de mi escuela en casa. Tan pronto dio su respuesta, fue a la zona de cocina y a los pocos segundos, pude ver a una figura bastante familiar. -¿¡Ashiko!?- grité en sorpresa, observando a aquella chef en un uniforme de cafetería -Oh, un fan. Espero no hayas entrado aquí sólo para buscarme- tras aquello, me sonrojé un poco. Según recuerdo, ella era una chef profesional que incluso había escrito libros que mi madre compraba. La observé atentamente y no había en ella ni una pizca de robótica, al contrario, podían notarse las arrugas en su rostro -Pero... Usted es una profesional- dije tartamudeando un poco, no creyendo que estaba ante tal figura. -Sí, así es. Pero me gusta trabajar aquí- explicó ella tranquilamente -¿Por qué me llamaste? Espero que no esperes un almuerzo especial de mis libros... - -¡No!- exclamé, algo apenado -Sólo quería... algo que pudiese comer- admití, ante lo que tanto la señora robot y Ashiko me miraban extrañadas. La chef soltó una carcajada y me explicó -la comida aquí es comestible, te lo puedo asegurar yo. Aquí también trabajan humanos ¿sabes? Comemos igual que tu- dijo, con lo que Mia soltó una risita de burla. Apenado, dejé que la autómata terminase de servir mi comida, y vi como Mia se servía un poco igual, siguiéndome hacia una mesa vacía donde me senté. Empecé a comer con un poco de desespero, mientras Mia comía con tranquilidad. La observé y note que todo lo que estaba en el plato era consumido. Pensé que eso era echar comida a la basura, y Mia pudo percibir eso -La comida nos da energía ¿sabes?- dijo, sonriéndome -es muy útil si estamos en interiores o en días nublados, así no usamos la batería de emergencia. Es algo que todos saben- explicó. Yo asentí con mi cabeza entendiendo aquello y terminando lo que me había servido. Mia empujó su plato hacia mí, pero lo rechacé -Gracias, pero estoy lleno-. Ella replicó -mientes- aseveró, cosa que había de admitir cierta. Apenado, tomé su plato y empecé a comer con timidez, terminando lo que allí había ante su mirada. Ella tenía sus codos apoyados en la mesa y sus manos sostenían su rostro, parecía una niña observándome. -Oye... pensé que sólo me acompañarías hasta la cafetería- dije a modo de queja, lo que ella lo tomó un poco mal. Se incorporó e iba a irse -no tienes que ser tan grosero- me regaño, y se iba a marchar hasta que la detuve con un "¡Espera!" -Gracias por... traerme aqui y por la comida- dije tras una pausa, y ella sonrió -Oye, azul. ¿Quieres pasear mañana?- me preguntó infantilmente, no di respuesta, pues ella ya se marchaba -Mi habitación es la 503, búscame- dijo, sonriendo y corriendo hacia la salida como una niña joven. Reí un poco con eso, y me levanté con mi plato, pero un balón de futbol golpeó mi bandeja y con ello el plato y los restos. Furioso, deje escapar un suspiro de molestia, mirando al balón. Un chico con chaqueta deportiva se me acerca rápidamente, tomando el balón y mirándome con lo que parecía un rostro apenado -Lo siento colega, fue mi error- me dice, esperando respuesta de mí. Con mis manos empuñadas le enfrento -¿¡Error!? ¿¡Cómo una maquina puede cometer un error!? ¡Estas fallo!- grité. El chico estaba notoriamente apenado, y con la mirada baja se seguía disculpando -Es parte de mí, tengo un margen de error... No soy perfecto, igual que tu- intentaba explicarme, aquello me enfureció un poco más -Escucha, no soy el patán de las películas ¿sabes? Solo soy un jugador... disculpa por mi error- dijo, alejándose con sus compañeros. Recogí las cosas del suelo y las llevé a su lugar, escuchando sus palabras en mi mente una vez más "No soy perfecto", eso parecía ilógico ¿Para qué hacer una máquina que cometa errores? ¿Y hasta qué punto podía equivocarse? Mientras en mi mente seguía con esas interrogantes, volteé a ver al chico. Desde que llegué, ambos autómatas, uno de piel bronceada y pelo castaño y otro de pelo verde y piel un poco más clara jugaban a lanzarse dicho balón, pero ahora el balón se quedaba en la mesa, quieto, como los juguetes de un niño al que regañas.

Salí de la cafetería y volví a las residencias, pues tenía que acomodar mis cosas. En el trayecto pude notar canchas deportivas y similares, además de parques y árboles que nada tenían de artificial. Era una escuela cualquiera, pero allí estudiaban autómatas. Aquello no tenía sentido para mí, pero no me quede a pensarlo por mucho. Al volver a las residencias, no vi a Fubuki en ningún lugar, pero el robot receptor se encontraba allí. Me acerqué a él y rápidamente se percató de mi existencia, pero no supe qué hacer al respecto para obtener mi llave. Intenté dándole órdenes habladas, pero estas hacían nulo efecto. Cuando extendí mi mano en esperas de recibir la tarjeta magnética, este de inmediato saco dicha tarjeta del agujero que estaba en su "mano" y se quedó así hasta que yo la tomé. Fui hasta mi habitación y la tarjeta funcionaba tranquilamente, así que supuse que estaba puesta para mí, de algún modo. Entré y proseguí a arreglar mis cosas, y hacer de aquella habitación, "mi" habitación. Estuve toda la tarde en ello, e incluso me comí las galletas de chocolate que compré en el aeropuerto. Al terminar, podía ver el cielo nocturno y las blancas luces que alumbraban el campus. Al ver la hora, decidí irme a dormir y descansar, y tomar un tour el día siguiente.

sábado, 15 de agosto de 2015

Acerca de Guardian Warriors

Por algunas razones, particularmente la narrativa que debía darle, decidí hacer un "retcon" de Guardian Warriors antes de que se hiciera más tedioso hacerlo. Eliminé las entradas anteriores, escritas en primera persona, y ahora esta un narrador omniscente y omnipresente. Lamento las molestias causadas, pero así es mejor dar a llegar la historia. No os preocupeis, sabré como hacerles llegar los detalles

Guardian Warriors 1: Empieza la aventura


Iba a ser un día especial para el joven Marcos. Aquella noche, había soñado con su abuelo, el hombre que precedió el título que estaba a punto de ostentar. En aquellos sueños, podía observar al anciano hombre caminar hacia una cueva cercana, silenciosamente, para luego sacar una espada corta y golpear unas rocas con ella. Aquella extraña visión se desvanecía, mientras los rayos del sol alumbraban el interior de su hogar, despertando a aquel joven de forma lenta. El chico, de nombre Marcos, se preparaba para aquel importante día. Había usado el agua del rio cercano la noche anterior para darse un baño, intentando estar presentable. Ante el tenue reflejo de la ventana de su habitación, peinó su cobrizo cabello y observó sus ropas. Eran ropas normales, de colores derivados de la tierra, como era común. Tomó de entre sus pertenencias, una camisa de mangas largas de color negro, colocándosela encima de su previa remera y observando el baúl que ahí estaba. Aquel baúl de metal y madera perteneció a su abuelo, quien vigilaba con recelo aquel objeto debajo de su propia pintura. Marcos nunca lo llegó a conocer, pues era apenas un bebé cuando este murió, según cuenta su padre. Tras unos segundos pensativo, el joven abrió aquel cofre, para observar la armadura plateada que allí se guardaba. La armadura no era del tipo pesada, y fácilmente pudo colocársela él mismo. Se tardó un tiempo poniéndose la armadura, algunas partes en los bordes poseían óxido, pero la armadura seguía utilizable y otorgaba protección.
Marcos había terminado de colocarse la armadura y escuchó el llamado de su madre, quien se encontraba preparando la comida. El joven bajó a atender el llamado y tras comer, se incorporaba para dar un paseo, cuando su madre lo detuvo. El chico volteó a verla y ella con una sonrisa acarició su rostro -Espero que te vaya bien hoy- fueron sus únicas palabras, ahogando las demás en una sonrisa algo melancólica. Marcos entendía que su madre no soportaba ver a su hijo vuelto un guerrero que pase peligros, pero a su vez se encontraba orgullosa de ello. Él le abrazó con calidez y le devolvió la sonrisa, aseverando que estaría bien. Tan pronto salió de su hogar, vio por el rabillo del ojo una figura de largo pelo negro y tez blanca, que le daba un rápido beso en la mejilla. El castaño se sorprendió y miró a la chica que le había besado, sonriéndole -¡Lilith! No esperaba verte aquí- dijo asombrado. La chica rio un poco y le sonrió de regreso -¿A quién esperabas si no?- preguntó, a lo que el chico apenado apenas le respondía -A nadie... es sólo que no pensé que dejarías el castillo sólo para verme-. La chica hizo una sonrisa pícara, después de todo, el chico tenía algo de razón. No era bueno para una princesa dejar la seguridad de su castillo para ver a un plebeyo, sin embargo, ella tenía ganas de verle.
Habían pasado 2 años desde la última vez que le vio en persona, y aunque la correspondencia la mantenía al tanto de su situación, ella tenía la necesidad de volver a ver a su prometido frente a frente. Vestida como cualquier miembro de la aristocracia, la chica se arregló lo mejor que pudo para ir a la ceremonia de juramentación del joven caballero. Perfumada y puesta con vestido no muy resaltante (al menos no para la clase alta) de colores claros, se encontraba allí frente a su prometido. El encuentro parecía que iba a ser corto, pues el punto del mediodía estaba bastante cerca y la chica sabiendo esto, tomó a Marcos de la mano, halándolo un poco lejos de su hogar. Sonrojado, el chico le preguntó a donde se dirigía, notando la gente de la aldea que les observaba -En tus cartas escribiste de un lugar...- explicaba ella, siguiendo el paso de un río que rodeaba los cultivos del poblado. Río arriba, se encontraba una cueva, algo angosta, pero lo suficiente para que los dos jóvenes pudiesen entrar a explorar. Sonriente, Lilith llevó al reacio chico al interior de la oscura cavidad, adentrándose lo suficiente para tener privacidad. Con sus manos, apenas entró, creó una pequeña bola luminosa hecha de magia, que emitía brillos a su alrededor. Marcos, algo temeroso de llegar tarde a su propia ceremonia, intentaba convencerle de volver, pero la chica hizo caso omiso y continuó adentrándose en la cueva, donde el joven la seguía, resignándose a seguir su paso. Tras poco tiempo, Lilith se volteó a mirar al chico, difuminando la vista de la cueva al apagar poco a poco la luz de su magia, y acercándose al chico y rodeándolo con los brazos. Acercó su rostro a él y en plena oscuridad, fundió sus labios en un beso....

martes, 11 de agosto de 2015

Escuela de Androides - 1




Kihito, una de las tantas ciudades de luces.

Podía observar gran cantidad de anuncios luminosos, carros y personas andando casi por igual, aún en una región tan poco poblada en la antigüedad, ha llegado a ser un centro comercial e industrial. Alrededor del aeropuerto se notaba la muchedumbre caminando a todos lados, fue difícil conseguir un taxi, más por el hecho de que no querían acercarse a "esa región" de la ciudad. No los culpo, es un alivio poder alejarse un poco de aquellos seres, pero no podía fallarle a mi escuela, menos a estas alturas del viaje. Decidí tomar un carro hasta una zona cercana y de allí caminar. Me coloqué mis audífonos y me puse a escuchar una canción algo movida, dejándome llevar por el ritmo.

Llegue al lugar, y el chofer amablemente me dejó más adelante, casi en la entrada de las residencias. Le agradecí por ello y el sonriente dijo que no había razón de ello. Tomé mi extensa cantidad de maletas y proseguí hasta las residencias; en la puerta se encontraba un vigilante, quien era obviamente del tipo robótico. Me saludó y me extendió la mano, pidiéndome alguna clase de identificación -Traje un carné- le dije, soltando varias de mis maletas y buscando mi carnet estudiantil, pero antes de poderlo mostrar, una voz masculina, aparentemente joven, proveniente de una silueta en las sombras detenía mis acciones -No será necesario, viene conmigo- dijo. Pensé que el robot no entendería tanto palabrerío, sin embargo, se retiró y con un ademán hizo abrir la puerta eléctrica, y la figura salía de esas sombras de madrugada que le cubrían el cuerpo. Se mostró ante mi sonriente -Bluend Acronds ¿No es así? Te estaba esperando- dijo, y pude notar tanto en sus acciones como su acento que se trataba de un humano. Tomé mis maletas y le seguí, caminando hacia lo que serían las residencias. Al parecer, según las indicaciones del chico (cuyo nombre era Fubuki) yo poseía una habitación un poco separada del resto, debido a mis diferentes necesidades, esta era la única habitación que poseía baño en aquel piso, y realmente, necesitaba una de esas en aquel preciso instante.
Fubuki me dijo que el día siguiente sería feriado, por lo que tenía dos días para pasear alrededor del Campus y hacer amigos. Me dio indicaciones sobre lo permitido y lo prohibido en general, además de indicarme las áreas que yo necesitaría más (como el área de comidas, obligatoria para mí pero opcional para los autómatas) -¡Ah! Y otra cosa... ellos odian ser llamados "Autómatas", es un peyorativo bastante fuerte- explicó, ante lo que yo replique -Es su término legal ¿Cómo quieres que les diga?- pregunté, y él sólo me indicó el folleto que yo mismo poseía en mi mano -Podrás ver que utilizan mucho la palabra "androide". Pero lo mejor será que les trates como a cualquiera, sin tratos especiales- dijo, pero ignoré esas palabras. Los androides no son iguales que las personas, no merecían ser tratados del mismo modo, era algo de lo que estaba consciente. Detrás del folleto pude ver la nota que me había dejado la señorita Di Zoleta, donde me especificaba no ser insolente. Suspiré a sabiendas que debía obedecer sin chistar, caminando hacia lo que serían las residencias.
El edificio de residencias parecía un pequeño hotel de calidad, algo automatizado en algunos aspectos, pero con muchas partes naturales. Fubuki entregó una tarjeta magnética a un robot que no poseía apariencia humanoide y este se la devolvió de inmediato, dándomela luego a mi -Bluend-san, esta es su llave, su habitación es la 50- dijo, haciendo una pequeña reverencia y retirándose. Me sorprendí ante la rapidez de aquella despedida, pero los rayos matutinos del sol me hacían entender que tendría otros asuntos pendientes por hacer, y no podía continuar con aquel recorrido. Proseguí hacía mi habitación, accediendo a través de un ascensor hasta el piso correspondiente y llegando a la puerta, dejando todas mis maletas en algún lugar de lo que sería la sala de estar y mirando a mi alrededor. Esperaba ver una habitación pequeña, similar a la de un hotel, sin embargo este era un departamento bien formado, incluso más grande que algunos apartamentos caros de mi ciudad.
Me eché en mi cama y cerré mis ojos, cansado por el viaje, caí dormido casi sin darme cuenta.

Pasaporte y Folleto - Escuela de Androides



Nombre/Name: Bluend Chris Acronds
Linaje Real/Royal Blood: Negativo/Negative
Nacionalidad/Nationality: Tresieña/Trisean
Sexo/Gender: Masculino/Male
Especie/Species: Humano Neutro/Nether Human
Ciber/Cyber: negativo/negative
Donante/Donor: Sangre únicamente/Blood only
Fecha Nacimiento/Birth Date: 28/04/995
Fecha Vencimiento/End Date: 02/1020
Viajes:
Tresiana- Lazeros.

Se prohíbe la reproducción o fotocopia de este documento o alguna de sus partes. En caso de Hurto llamar a XXX-XX-XXX-XXXX. Se prohíbe la traducción a lenguaje máquina.

Escuela de Androides - 0



"Una escuela... ¿de androides?"

Fue su primer pensamiento, mirando el folleto en su pupitre junto con la solicitud del programa de intercambio de alumnos
- oiga, directora... pensé que la solicitud de intercambio me llevaría a algún país con otras culturas... como J~- su queja fue interrumpida por aquella mujer, quien tras un regaño se dedicó a explicarle.
- Esta escuela queda, efectivamente, en otro país. Y agradece, eres el único que entra en un intercambio de especies autómatas, alumnos de todo el mundo matarían por saber cómo es la vida allá adentro-
- esa parte la sé- replicó el peli azul, incorporándose -Pero no pienso juntarme con esos... esos... ¡desalmados!- exclamó en sentido literal, ante la ofensa de no poseer alma realmente.
-¡Silencio señor Acronds!- respondió imponente la mujer, golpeando el escritorio -le recuerdo que esta es una prestigiosa escuela, y que tuvimos suerte de entrar en este programa único, y eres el que está mejor capacitado para el intercambio. Si piensas mostrar actitudes de especismo o prejuicio de esa forma bien puedes ir a una escuela de perros-
El chico guardó silencio ante el regaño, y tomó sus cosas reacio, mirando el folleto de aquella escuela junto con las formas, llenas con mayor información legal acerca de sí mismo. Tras un suspiro, se resignó y supo que no había forma de quitar la solicitud ya aprobada, y que tendría que viajar hacia este nuevo lugar.

2 días habían pasado ya, pasaporte en mano, el chico volteaba a ver a su padre, que le sonreía y le saludaba con la mano, junto con su madrastra que abrazada a él también se despedía -Volveré para fin de año Papá... te amo- le decía, dándole la mano, seguido de un abrazo cálido, escuchando aquel anuncio "El vuelo 334 a Kihito está a punto de partir, tercer y último aviso". Tras un suspiro, caminó hacia el chequeo de billetes, donde el trabajador revisaba su número de billete y vuelo, sonriéndole siempre, e indicándole la puerta donde debía entrar. Al lado de dicha puerta, una chica se paraba sonriente. Se notaba en su cuello su construcción artificial, además de esos rasgos que eran demasiado perfectos como para ser naturales. Tan pronto el chico se acercó, aquella robot le otorgó un "Saludos, disfrute de su vuelo" el cual él ignoró, sabiendo que era una acción automática y no los deseos de una persona real. Procedió a entrar en la puerta hacia un vuelo de varias horas hacia la ciudad tecnológica de Kihito. El chico observó atentamente su collar, tenía forma de lágrima y era de color azul, igual que el resto de su ropa; el collar poseía una tenue luz purpura que se encendía al tacto dactilar -Madre... espero me acompañes durante el viaje- pidió hacia el cielo, casi a forma de rezo. El avión despegaba de la pista, y el chico se puso a leer aquel folleto detalladamente, antes de caer dormido por el cansancio a las pocas horas.