Desperté con el ruido de mi celular, sonando incesante en la
mesita al lado de la cama. Aunque era día feriado, la alarma seguía activa, lo
que hizo que me despertase más temprano de lo que sería usual en feriado. Me
levanté de mi cama con la misma rutina que todas las personas tendrían, mirándome
en el espejo un rato. "¿Los androides tendrán rutina matutina?" me
pregunté, terminando con la rutina, visitándome y saliendo de la habitación,
directamente hacia la planta baja del edificio de residencias. Antes de salir,
el robot receptor me detuvo con una alarma, la cual no comprendí. Me acerqué al
robot y vi que extendía su mano con aquel hueco para tarjetas, que aún no
comprendía su función por completo. Imité lo que Fubuki y Mia habían hecho el día
anterior e introduje mi tarjeta magnética en la ranura, lo que hizo que el
robot volviera a su posición inicial.
Salí del edificio algo confundido, mirando a mis
alrededores, en busca de algo entretenido que hacer fuera de la rutina. El
primer lugar a donde ir era la cafetería, para un desayuno rápido, el cual
tuve. Pero después de eso no había mucho que hacer, era nuevo en este lugar y
nada se me hacía familiar en absoluto. Paseé por el campus mirando a mis
alrededores, notando como era el lugar. Parecía hecho a la medida de humanos,
tanto que se quedaban a vivir y estudiar allí, como para los que podrían vivir
cerca. De lo poco que recuerdo del folleto y lo que busqué por internet, tenía
entendido que era una escuela para humanos hasta que la hicieron para robots.
Aún no sabía que tenía de especial, fuera de aquel extraño robot receptor en la
planta baja de la residencia, todo lo demás parecía en su lugar, incluso campos
deportivos. "¡Deportes!" pensé, dándome cuenta que los androides no
tenían permitidos participar en torneos deportivos (ni si quiera contra
aquellos que poseía prostéticos robóticos), así que aquello sería un lugar
abandonado, si había algún campo en los alrededores. Paseé por mis alrededores
buscando algún campo deportivo, observando a lo lejos un campo ancho, viendo
las dos largas y altas metas en donde se lanzaban el balón. Aunque no era una
persona de deportes, pensé en pasear por allí y ver que había en aquel lugar.
Al llegar, mi sorpresa fue mucha, notando como estaba un grupo de jugadores en
lo que parecían "entrenar". ¿Para qué entrenar? pensé, ellos podrían
ser construidos con un cuerpo apto para aquel deporte, así como ser programados
con los movimientos necesarios para ello. Me parecía estúpido y hasta absurdo.
Noté como no había ningún entrenador realmente, y el
"capitán" del equipo (o quien pareciera serlo) daba los lineamientos
sobre cómo mejorar los movimientos y estrategias. Me reí internamente. Nunca
había visto a los robots jugando algún deporte que no fuera boxeo, así que lo vi
como inútil a todo momento. Seguí caminando observando la escena, sin fijarme
en un chico, no... Más bien un hombre, unos 2 metros de altura, y de contextura
ancha. Aunque obviamente habrá estado construido de materiales sintéticos, su
choque se sintió tal como sería el de una persona de su tamaño y peso. El tipo
no esperó a mi reacción y me empujó, mirándome fijamente -¿Qué te sucede,
novato? ¿Deseas morir acaso?- caí al suelo por su empujón, y camine hacia atrás
temeroso. Me incorporé como pude -No puedes hacerme nada... ¡No puedes
tocarme!- le advertí. El chico deportista de la cafetería el día anterior
estaba allí, y corrió a interponerse entre el chico y yo -Bill, no le hagas
nada, fue un accidente- intentó decirle, pero el tipejo le empujó a un lado,
caminando hacia mí, y tomándome del cuello de la camisa -Eres débil ¿eh?- me
dijo a mi rostro, mientras yo intentaba librarme de él. El chico a su lado
intentaba detenerle en gritos, pero el autómata me golpeó, en el estómago, a lo
que no pude hacer más nada que quedarme en el suelo por el dolor. Su fuerza era
descomunal, e hizo que vomitara. Tan pronto expulsé aquellos viscosos líquidos,
el autómata se echó para atrás en temor -E-eres... humano- decía asustado, y el
otro chico le golpeaba en la cabeza, regañándole -¡Te lo dije! ¡Maldición
Bill!- después de eso corrió hacia mí, dándome ayuda y chequeándome -¿Estas
bien? Oye, no lo vayas a denunciar ¿Si? el tipo es un idiota, pero no por ello
tienes que denunciarlo- me decía, con palabras cada vez más convencedoras. Se
notaba en su voz tartamudeante el miedo que tenía, y su explicación iba con
cada vez más excusas -No podemos perder nuestro mejor jugador, anda colega, no
le denuncies ¿vale?- me pedía cada vez más insistente, hasta que no soporté
-¡Bien!¡No lo haré!- grité, incorporándome con dolor y asco en mi boca. Tenía
bastante tiempo sin haber vomitado, y el golpe en el estómago era un dolor
nuevo para mí.
Salí del campo de forma lenta, casi arrastrando mis pies,
escuchando los demás regaños del chico hacia el tipo gigante -¿¡Acaso quieres
ser ejecutado!?- le gritaba, a un punto que ya no escuchaba aquello. Fui hacia
la cafetería, fue mi instinto buscar a un humano, además de algo de agua
-¡Señora Ashiko!- grite, esperando que llegase pronto. Su salida fue inmediata,
aunque al comienzo con cara de fastidio, notó mi brazo agarrando mi estómago, y
corrió hacia mí y me tomó -¿no sabes dónde queda la enfermería?- preguntó -Soy
nuevo... aquí...- respondí con dificultosa respiración. Minutos después ya me encontraba
en la enfermería, atendido del mismo modo que la cafetería, por una humana y un
robot. A diferencia de la cafetería, esta era una habitación pequeña y no había
ningún robot fuera del asistente de la enfermera -Doctora, si no es mucha
molestia- me corrigió, ayudándome con aquel dolor por el golpe, y a la vez interrogándome
por la causa de ello. Estaba a punto de confesar la verdadera razón del dolor,
pero dije una mentira rápidamente -Me golpeé con una mesa... no me fije por
donde iba- dije, cosa que no convenció mucho ni a la cocinera ni la doctora,
pero me dejaron ir así nomas.
El dolor no se iría sino hasta horas después, y tuve que
pasar el resto del día aguantándolo, hasta la noche, que volví a mi habitación
en las residencias.
Mientras subía las escaleras, miraba los números de las
habitaciones, hasta que recordé lo que el día anterior Mia me había contado -La
habitación 503 ¿eh?- pensé en voz alta, notando que era bastante tarde, y la
luna alumbraba el cielo nocturno. No había razón de molestar a Mia, pero luego
recordé que ella era una robot, tendría energía para hacer algo, y al final no
tuve tour oficial por las áreas del campus. Me dirigí a la habitación y toqué
la puerta, golpeándola con algo de suavidad, sin saber qué habría detrás de ella.
A los pocos segundos de golpearla Mia salió, vestida de forma diferente que
ayer -Pensé que nunca vendrías...- dijo de una forma triste, por un momento
supuse que fingía esa tristeza, pero podía ver en sus ojos que estaba algo
decepcionada de lo que tarde en venir. Me excusé rápidamente y ella tomo un
rostro alegre, sonriéndome luego -No importa ¡Vamos! ¡Tengo que mostrarte el
lugar!- me dijo, tomándome de la mano y arrastrándome hacia afuera de las
residencias...
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