lunes, 24 de agosto de 2015

Escuela de Androides - 3


Desperté con el ruido de mi celular, sonando incesante en la mesita al lado de la cama. Aunque era día feriado, la alarma seguía activa, lo que hizo que me despertase más temprano de lo que sería usual en feriado. Me levanté de mi cama con la misma rutina que todas las personas tendrían, mirándome en el espejo un rato. "¿Los androides tendrán rutina matutina?" me pregunté, terminando con la rutina, visitándome y saliendo de la habitación, directamente hacia la planta baja del edificio de residencias. Antes de salir, el robot receptor me detuvo con una alarma, la cual no comprendí. Me acerqué al robot y vi que extendía su mano con aquel hueco para tarjetas, que aún no comprendía su función por completo. Imité lo que Fubuki y Mia habían hecho el día anterior e introduje mi tarjeta magnética en la ranura, lo que hizo que el robot volviera a su posición inicial.
Salí del edificio algo confundido, mirando a mis alrededores, en busca de algo entretenido que hacer fuera de la rutina. El primer lugar a donde ir era la cafetería, para un desayuno rápido, el cual tuve. Pero después de eso no había mucho que hacer, era nuevo en este lugar y nada se me hacía familiar en absoluto. Paseé por el campus mirando a mis alrededores, notando como era el lugar. Parecía hecho a la medida de humanos, tanto que se quedaban a vivir y estudiar allí, como para los que podrían vivir cerca. De lo poco que recuerdo del folleto y lo que busqué por internet, tenía entendido que era una escuela para humanos hasta que la hicieron para robots. Aún no sabía que tenía de especial, fuera de aquel extraño robot receptor en la planta baja de la residencia, todo lo demás parecía en su lugar, incluso campos deportivos. "¡Deportes!" pensé, dándome cuenta que los androides no tenían permitidos participar en torneos deportivos (ni si quiera contra aquellos que poseía prostéticos robóticos), así que aquello sería un lugar abandonado, si había algún campo en los alrededores. Paseé por mis alrededores buscando algún campo deportivo, observando a lo lejos un campo ancho, viendo las dos largas y altas metas en donde se lanzaban el balón. Aunque no era una persona de deportes, pensé en pasear por allí y ver que había en aquel lugar. Al llegar, mi sorpresa fue mucha, notando como estaba un grupo de jugadores en lo que parecían "entrenar". ¿Para qué entrenar? pensé, ellos podrían ser construidos con un cuerpo apto para aquel deporte, así como ser programados con los movimientos necesarios para ello. Me parecía estúpido y hasta absurdo.
Noté como no había ningún entrenador realmente, y el "capitán" del equipo (o quien pareciera serlo) daba los lineamientos sobre cómo mejorar los movimientos y estrategias. Me reí internamente. Nunca había visto a los robots jugando algún deporte que no fuera boxeo, así que lo vi como inútil a todo momento. Seguí caminando observando la escena, sin fijarme en un chico, no... Más bien un hombre, unos 2 metros de altura, y de contextura ancha. Aunque obviamente habrá estado construido de materiales sintéticos, su choque se sintió tal como sería el de una persona de su tamaño y peso. El tipo no esperó a mi reacción y me empujó, mirándome fijamente -¿Qué te sucede, novato? ¿Deseas morir acaso?- caí al suelo por su empujón, y camine hacia atrás temeroso. Me incorporé como pude -No puedes hacerme nada... ¡No puedes tocarme!- le advertí. El chico deportista de la cafetería el día anterior estaba allí, y corrió a interponerse entre el chico y yo -Bill, no le hagas nada, fue un accidente- intentó decirle, pero el tipejo le empujó a un lado, caminando hacia mí, y tomándome del cuello de la camisa -Eres débil ¿eh?- me dijo a mi rostro, mientras yo intentaba librarme de él. El chico a su lado intentaba detenerle en gritos, pero el autómata me golpeó, en el estómago, a lo que no pude hacer más nada que quedarme en el suelo por el dolor. Su fuerza era descomunal, e hizo que vomitara. Tan pronto expulsé aquellos viscosos líquidos, el autómata se echó para atrás en temor -E-eres... humano- decía asustado, y el otro chico le golpeaba en la cabeza, regañándole -¡Te lo dije! ¡Maldición Bill!- después de eso corrió hacia mí, dándome ayuda y chequeándome -¿Estas bien? Oye, no lo vayas a denunciar ¿Si? el tipo es un idiota, pero no por ello tienes que denunciarlo- me decía, con palabras cada vez más convencedoras. Se notaba en su voz tartamudeante el miedo que tenía, y su explicación iba con cada vez más excusas -No podemos perder nuestro mejor jugador, anda colega, no le denuncies ¿vale?- me pedía cada vez más insistente, hasta que no soporté -¡Bien!¡No lo haré!- grité, incorporándome con dolor y asco en mi boca. Tenía bastante tiempo sin haber vomitado, y el golpe en el estómago era un dolor nuevo para mí.
Salí del campo de forma lenta, casi arrastrando mis pies, escuchando los demás regaños del chico hacia el tipo gigante -¿¡Acaso quieres ser ejecutado!?- le gritaba, a un punto que ya no escuchaba aquello. Fui hacia la cafetería, fue mi instinto buscar a un humano, además de algo de agua -¡Señora Ashiko!- grite, esperando que llegase pronto. Su salida fue inmediata, aunque al comienzo con cara de fastidio, notó mi brazo agarrando mi estómago, y corrió hacia mí y me tomó -¿no sabes dónde queda la enfermería?- preguntó -Soy nuevo... aquí...- respondí con dificultosa respiración. Minutos después ya me encontraba en la enfermería, atendido del mismo modo que la cafetería, por una humana y un robot. A diferencia de la cafetería, esta era una habitación pequeña y no había ningún robot fuera del asistente de la enfermera -Doctora, si no es mucha molestia- me corrigió, ayudándome con aquel dolor por el golpe, y a la vez interrogándome por la causa de ello. Estaba a punto de confesar la verdadera razón del dolor, pero dije una mentira rápidamente -Me golpeé con una mesa... no me fije por donde iba- dije, cosa que no convenció mucho ni a la cocinera ni la doctora, pero me dejaron ir así nomas.
El dolor no se iría sino hasta horas después, y tuve que pasar el resto del día aguantándolo, hasta la noche, que volví a mi habitación en las residencias.

Mientras subía las escaleras, miraba los números de las habitaciones, hasta que recordé lo que el día anterior Mia me había contado -La habitación 503 ¿eh?- pensé en voz alta, notando que era bastante tarde, y la luna alumbraba el cielo nocturno. No había razón de molestar a Mia, pero luego recordé que ella era una robot, tendría energía para hacer algo, y al final no tuve tour oficial por las áreas del campus. Me dirigí a la habitación y toqué la puerta, golpeándola con algo de suavidad, sin saber qué habría detrás de ella. A los pocos segundos de golpearla Mia salió, vestida de forma diferente que ayer -Pensé que nunca vendrías...- dijo de una forma triste, por un momento supuse que fingía esa tristeza, pero podía ver en sus ojos que estaba algo decepcionada de lo que tarde en venir. Me excusé rápidamente y ella tomo un rostro alegre, sonriéndome luego -No importa ¡Vamos! ¡Tengo que mostrarte el lugar!- me dijo, tomándome de la mano y arrastrándome hacia afuera de las residencias...

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