El primer día, el más difícil de todos.
Había dormido lo suficiente, y el panorama se veía bueno.
Tenía muchas incertidumbres en mi cabeza ¿Qué enseñaban aquí? ¿Qué clase de
profesores había? Estas preguntas iban acompañadas de confusión sobre los
autómatas. Los robots de clase F los conocía personalmente, y sabía que para
"aprender" algo, sólo debían programárselo. Pero estos androides, la
clase numérica, eran distintos, necesitaban profesores, estudios. Era tan
confuso como innecesario. Observé mi horario de clases, leyendo la materia que
me tocaba en aquel momento -Biología... tedioso- me dije a mi mismo, tomando
mis libros y objetos, listo para ver la clase. Encaminándome hacia allá,
recordé cómo funcionaban los robots. Nosotros veíamos biología para saber cómo
funciona el cuerpo de las personas y animales, así como de plantas, pero los
robots tienen una anatomía distinta a la nuestra, aun cuando comen. No veía
robótica ni ninguna materia similar en mi previo instituto, pero si veía
biología. ¿Por qué tenían los androides saber sobre la biología? Sin darme
cuenta, sumido en mis pensamientos ya había llegado al salón. Había algunos de
ellos en los pasillos, aunque eran relativamente pocos. Entre a mi salón, donde
pude ver a algunos autómatas allí sentados, conversando entre ellos o pasando
el rato. Tomé asiento e intente dejar pasar el tiempo hasta que empezara la
clase. En mis alrededores no vi a nadie conocido, ni Mia, ni el gorila que
practicaba deportes "Estarán en otra sección" pensé. De hecho, no
había tantos alumnos como esperaba. La profesora de biología llegó a los pocos
segundos, trayendo consigo algunos libros. Tenía un caminar bastante humano, y
parecía una persona. Recordé las palabras de Ashiko, que había otros humanos aquí
además de mí. Me sonroje ante mi estupidez de pensar que todos los profesores
eran robots también, y me concentré en las palabras de la profesora. En ese
momento, desee con todas mis fuerzas que no hiciera la "bienvenida de un
nuevo alumno", era algo que no iba a poder soportar estando allí, menos si
se le ocurría hablarme como un niño si lo hacía. Por suerte, mala o buena, lo
segundo no sucedió, más si lo primero -Chicos, quisiera le dieran la bienvenida
a Bluend, nuestro estudiante de intercambio- anunció ella, indicándome que me
parara. Acepté a regañadientes y me incorporé, saludando y presentándome ante
la clase. Mi vergüenza fue mayor de lo que la realidad estaba haciéndome, no
hubo burlas ni cuchicheos como esperaba, excepto 2 androides que hablaban un
poco en el fondo del salón. Volví a mi puesto y un chico me saludó, el mismo
que me había golpeado con el balón y quien imploró porque perdonara al gorila
deportista. Le ignoré un poco, prefiriendo escuchar la clase, a pesar de que
aún no comenzaba propiamente.