lunes, 7 de septiembre de 2015

Guardian Warriors 2: Juramentación del Guardian


Las campanas de la iglesia empezaban a sonar, anunciando la llegada del mediodía. Marcos, junto con su prometida Lilith, escucharon aquel sonido que se extendía por toda la aldea, y detuvieron sus románticas acciones por el momento. El chico abrió sus ojos en sorpresa, a sabiendas que era tarde y debían marcharse de aquella cueva. Lilith comprendió sin palabras lo que aquellas campanadas significaban, y se separó del chico, encendiendo con su magia una tenue luz para guiarse en la cavidad rocosa. Sin embargo, al ser iluminado, un reptil rastrero les observó y les acechó, esperando quieta el momento del ataque. Marcos al ver la serpiente se sorprendió, y esta se lanzó directamente hacia su rostro. Rápidamente, Marcos tomó la daga que poseía en su cintura y la desenvainó, defendiéndose con esta. La serpiente mordió dicha daga, para luego ser lanzada hacia la pared, muriendo del golpe proporcionado. Marcos miró su daga, ahora de color verde debido al veneno de la serpiente -Maldición, no tengo tiempo para esto...- dijo para sí, mirando a Lilith y saliendo de la cueva.

A paso apresurado, siguiendo el rio por su canal, los dos jóvenes llegaban a la aldea, siguiendo el sonido del campanear para llegar a la iglesia
- No debí haberme alejado de la aldea
- Oye, pasamos un lindo tiempo ¿no?
- Hasta que tuve que salvar tu vida de nuevo
- ¿Disculpa? No has salvado mi vida ni una sola vez...
- El caballo, tu padre, la serpiente...
- El caballo estaba bajo control. Además yo te salvé de aquel ladrón
- ¡Marcos! - replicó el sacerdote dragónico, reprimiendo al guerrero por su tardanza y por el escándalo que hacía de forma infantil.
- Lo lamento, milord - respondió este inclinando la cabeza. Los 3 hicieron entrada en el templo. El sacerdote estaba adornado de una túnica y ropajes que hacían notar el título que poseía y la religión que seguía. El templo, adornado de estatuas de diferentes tipos de dragón y un vitral que hacia fuertes referencias a los elementos creadores del universo: fuego, tierra, agua, electricidad, viento y hielo. Había una pequeña cantidad de personas, fieles seguidores del culto, reunidas en espera de ver el nombramiento del nuevo guardián encargado de proteger a los dragones de la mano de cazadores e infieles radicales.
La ceremonia ya había empezado, y sólo faltaba la juramentación propiamente dicha del joven Marcos.
El chico se arrodilló ante un caballero de armadura pesada que allí se encontraba, de rasgos propios de un guerrero que ha pasado por la edad y la guerra. Este hombre tomó su espada y la guio hacia el hombro del juramentado -Marcos Curien ¡De pie!- exclamó, esperando a que acatase su orden -A partir de este momento eres nombrado un Guerrero Guardián. Más que un título nobiliario, es una responsabilidad que a partir de este momento has de cumplir. Protector de los dragones y enviado de... de...- en aquel momento, el hombre empezó a sentir dolor en el pecho. Llevándose la mano hacia el tórax, el caballero soltaba quejidos de dolor y se arrodillaba. Marcos quedó en estado de shock, sin saber qué hacer, y el sacerdote ya había descubierto qué sucedía. Tomando su bastón, lo apuntó hacia una zona de la iglesia, soltando una magia de luz que hizo alejar a los cercanos.
- ¡Maestro! - gritó el acompañante de aquel caballero, que estaba en primera fila, corriendo hacia él. El caballero soltó su espada, y entre lágrimas y odio, su escudero la tomó en manos y la ondeó hacia la puerta de la iglesia, causando una bola de fuego que encendería las paredes cercanas a aquella puerta. Marcos, aún confundido, observó al ahora cadáver de quien le había juramentado, desviando su mirada hacia el joven espadachín de tez oscura, viendo como lanzaba fuego de su espada, y como su canoso instructor lanzaba haces de luz por su bastón. Se volteó rápidamente y tomo su daga, poniéndose en posición de batalla, pero todo lo que podía ver era el tumulto de gente huyendo, el fuego ardiendo y los rayos de luz que aparentemente eran fallidos. Se escuchó el grito de "fuego" en el exterior de la iglesia, y confundido, Marcos se mantenía inmóvil. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué su maestro atacaría la gente de esa forma? Había algo detrás de todo eso. La iglesia había oscurecido, parecía tener una sombra cubriéndola, sin hacerla del todo oscura. Lilith no era visible para el joven castaño, ni tampoco lo era el "objetivo" de los otros dos atacantes. Marcos logró ver a su prometida huyendo del lugar entre las llamas, y aunque gritó su nombre para detenerle, fue inútil. Corrió hacia la salida del edificio, y se detuvo a mitad de la carrera. Su pecho empezaba a arder, la armadura le era más pesada y su fuerza mermaba. Cayó arrodillado también y pudo sentir en sus oídos una risa malévola. Sus ojos se cerraban y se llenaban de oscuridad, pero pudo ver a una figura en frente suyo antes de caer...
Privet, el sacerdote, le lanzó una magia al joven Marcos, evitando que este muriese por aquella oscuridad, tal como hizo con todos los fieles que estaban en la iglesia. Él no atacaba a la figura que Marcos apenas recuerda cómo se veía, sino que curaba a quienes podía. Encerrados entre las llamas y el tumulto, el escudero y el sacerdote intentaban detener a quien fuera que estuviese causando aquellas muertes.
En las afueras de la iglesia, la princesa Lilith perseguía a una chica de apariencia similar a ella, quien también era maga y causaba llamas en el resto de la aldea. Lilith persiguió a aquella chica de cabello rojo hasta llegar al rio, donde está, libro en mano, volteó a sonreírle.
- Eres lenta y débil, noble - dijo la mujer, moviendo sus dedos en círculos. Silenciosamente, Lilith sostuvo su báculo en manos, soltando una magia dirigida hacia sí misma. El escudo mágico que logró hacer la cubrió un ataque climático proveniente de la pelirroja. Intentó retornar con un ataque de agua, manejando el rio con su báculo, pero de algún modo, era inútil. La mujer esquivaba aquellos ataques sencillos, y respondía con fuego.
En la iglesia, marcos abría sus ojos lentamente, a tiempo para esquivar una cuchilla que apuntaba directamente a su desprotegida cabeza. Giró su cuerpo para evadirla e intentó incorporarse rápido y tomar su daga, pero ya no la tenía en su funda. El escudero atacó al asesino y causó que este desapareciera, desvaneciéndose como el cortar de una sombra. Su desvanecimiento hizo que hubiese mayor claridad en el interior de la estructura, aun cuando esta estuviese envuelta en llamas y humo.
Lilith seguía en una pelea mágica uno a uno contra la chica pelirroja de rasgos similares a los suyos. La ventaja estaba en la otra mujer, pero fue detenida rápidamente por el cortar de un hacha que se atravesó por el cuello de la chica, causando que se desvaneciera como una sombra también, pero el fuego que había dejado no desapareció. Lilith volteó a ver el origen de aquella hacha, que había sido lanzada por Carlos, el leñador amigo del padre de Marcos. Detrás de él un sacerdote joven, parecido a Privet le seguía - ¿estás bien? - preguntó este, pasando la mano por su cabeza y curándole un poco. Lilith se dejó curar y miró luego a Carlos -gracias, a ambos - dijo, a lo que el sacerdote tomó una gran cantidad de agua con magia, dirigiéndola hacia las llamas que consumían las casas del poblado. Carlos le indicó a Lilith que hiciera lo mismo si podía. Con la energía que el sacerdote le había pasado, pudo hacer una magia de dicha magnitud.
Entre varios otros guerreros, apagaron el fuego de la iglesia, auxiliando a los heridos que allí estaban. Marcos uso unas débiles magias de tierra para ayudar con el apagado del fuego, hasta que se cruzó con Alexander, el escudero. Marcos inmediatamente le empujó gritándole -¡Quemaste un lugar sagrado!-. La exclamación no produjo reacción en aquel hombre, quien ignoró a Marcos sabiamente. El joven salió del lugar y observó el resto de la aldea encendida en llamas, y asustado, corrió hasta su hogar.
Un hombre cargaba a una mujer a duras penas fuera del lugar, los padres de marcos quienes escapaban del incendio de sus casas. Pedazos de madera bloqueaban la entrada, y en su desesperación, Marcos intentaba entrar a golpes -¡Joshua! Padre... ¿¡dónde está Joshua!?- le gritaba al cansado hombre, quien tosiendo le apuntaba al interior de la casa. Los guerreros se esforzaban en evitar que el fuego se extendiera y Lilith se enfocó en la casa de Marcos para ello, usando su magia para cargar agua del rio hacia el lugar. Marcos no pudo entrar a su propia casa, cuya estructura se encontraba debilitada. Estuvo a punto de usar su más poderosa magia de tierra para forzar su entrada, pero Carlos le detuvo -Podrías matarlo por accidente si haces eso- le advirtió, usando un hacha leñadora para abrirse paso con cuidado dentro de aquella casa. Marcos entró tan pronto tuvo oportunidad, y cargó en brazos al niño parecido a él que allí estaba. Sacándolo del peligro del lugar.
Joshua aún respiraba, aunque estaba asustado, se abrazaba a Marcos con fuerza. Alexander terminó de dar auxilio a los fieles de la iglesia junto con Privet, mientras Carlos y otros adultos terminaban de apagar toda llama restante y tomar los recursos que pudieran de los árboles quemados y los cultivos dañados. Con un golpe en el suelo, Marcos lanzó una maldición, marcando su puño de sangre. Su primer día como guardián, y no pudo defender su propio pueblo...

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