¡Hola! Bueno, esta vez me inspiré escribiendo en base a un rol que había tenido hace un tiempo, junto con unas canciones que me gustaron. Aqui les dejo las canciones que inspiraron a esta historia. Puede que haya desvirtuado un poco la historia de ambos videos, pero fueron "inspiración", no "copia" XD
Una leyenda de un reino lejano.
Manejado por dos hermanas, hijas del mismo rey. La familia
Black, un grupo de nobles que mediante la suerte había logrado el trono, ahora
se encontraba en un peligro sucesorio.
La previa familia reinante tenía la costumbre de mantener
siempre un hombre en el trono, manteniendo una ley agnaticia en el asunto. Sin
embargo, con la reina muerta, y con tan sólo dos herederas, aquella ley debía
cambiar.
Antes de esto, debo contarles sobre la hija menor, de nombre
Luna Black. Ella era una chica de la noche, de ojos azul oscuro como el océano
reflejando las estrellas, y de cabellos ondulados del mismo color nocturno.
Tanto ella como su hermana eran magas poderosas, y a veces consideradas santas
por sus súbditos. Muchos les solicitaban favores, aunque muchos de estos eran
rechazados para mantener la justicia y el orden en el mundo, Luna solía ser un
poco más arbitraria, dispuesta a dar estos favores a cambio de otros. Esto
causaba la ira de su hermana mayor, quien intentó detenerle de sus hazañas, inútilmente.
Uno de esos favores realizados, fue el de una joven.
Manejaba conexiones con el reino de los espíritus, y mediante bailes solía
comprarles lealtad y acciones, hasta que hizo una solicitud que ni los espíritus
podían lograr: amor.
El amor no era algo que aquellos espíritus que manejaban la
vida y la muerte podían otorgarle. Desesperada, empezó a hacerle favores y
bailes a espíritus más poderosos, hasta pedirle un favor a la mismísima Luna.
Luna, la princesa, tenía ese nombre por aquel espíritu, pues
este habitaba en ella; de tal forma, al invocar al espíritu, la bailarina
invocó a la misma princesa.
Luna observó aquel baile toda la noche, observó su rito de
invocación a la luz de aquel astro observante, y decidió volar hacia ella para
observarle de cerca.
La bailarina, cansada y desesperada, le pidió que llegara
aquel amor que tanto deseaba. Le solicitó e imploró que tuviese un hombre como
ella que le amara y le tomara de esposa.
La luna, conociendo su estatus en la realeza, le indicó que
cumpliría su deseo a cambio de una sola cosa: que ella le diera un hijo primogénito
en su lugar. Cuando su padre, el rey, muriese, aquel hijo primogénito heredaría
el reino y lo salvaría.
¿Por qué no buscar un hijo propio? Pues debo confesarles,
que el mayor problema de las princesas era que eran totalmente estériles, y
mientras la hermana mayor no era capaz de pedir a un niño a cambio de sus
labores gubernamentales, pero la hermana menor era bastante capaz.
Luna entonces ofreció aquel trato a la joven que aceptó
gustosa. No le importaba darle los hijos que necesitara a la princesa con tal
de no estar en total soledad.
Al otorgar aquel mágico trato, no pasaron muchos días cuando
ya la joven bailarina estaba casada y embarazada del mismo hombre, viviendo una
vida feliz. Pero con el tiempo, cuando aquel embarazo vino a término, fue
cuando los problemas comenzaron.
La nocturna luna no avisó que aquel niño iba a estar
bendecido por el espíritu que la poseía, y que la genética iba a estar tocada
por la magia. Aquel bebé había nacido blanco como la cara de la luna, de
cabello plateado como la luz que ella emanaba y de ojos claros como las
estrellas.
El esposo de la joven, que desconocía aquel trato, no se
detuvo a pensar en aquello, e inmediatamente sospechó de un engaño de parte de
su mujer, ignorando sus explicaciones.
El hombre, iracundo por aquel supuesto engaño, tomó su arma
y se la clavó a aquella mujer bailarina.
El inocente niño, el cual el hombre fue incapaz de herir,
fue simplemente abandonado en una montaña cercana.
Al escuchar el llanto del niño, la princesa fue en su
rescate, y le tomó y adoptó, criándolo como propio por el resto de su vida.
Pero la historia no termina aquí, no. La hermana mayor,
quien era ahora gobernante, decidió mediante leyes que una princesa debía ser
capaz de gobernar y de decidir a un heredero si no podía tener hijos propios.
Luna consideró aquello innecesario, y afirmaba que su hijo era el justo
heredero a la corona y quien debía ser el monarca.
La princesa gobernante tomó aquello como una ofensa, y mando
a sus tropas a secuestrar al joven infante y ejecutarlo.
Luna había rogado, implorado y pedido que dejaran vivir al
niño y que lo dejaran vivir en paz; pero la mayor pensó en aquello como una
amenaza para la estabilidad del reino, y siguió con la ejecución. Al enfrentar
a su hermana mayor, Luna fue reprimida por sus acciones, diciéndole que aquel
no era su hijo y jamás iba a gobernar el reino.
Ofendida, la princesa desapareció y nunca más fue vuelta a
ver...
Pero eso era apenas el comienzo.
Al mes de su desaparición, los campesinos empezaron a ver
que todos los jóvenes menores de 12 años empezaban a desaparecer por las
noches, y decían que un espíritu maligno los estaba secuestrando.
Muchos empezaron a contratar mercenarios para vigilancia,
pero fue en vano, pues tan pronto parpadeaban, un hechizo les hacía quedarse
sumidos en el profundo sueño.
Los huérfanos fueron los primeros, seguidos de los primogénitos
de los campesinos, y después los más pequeños. Los nobles tampoco eran salvos,
pues les fueron secuestrados sus hijos del mismo modo.
La princesa gobernante, intentó todo lo que estaba en su
poder para detener aquellos secuestros, pero fue inútil, los niños mismos se
entregaban a aquella canción hipnótica que dormía a los adultos y hacía que los
pequeños persiguieran su origen. Con el pasar del tiempo, nadie estaba a salvo.
Los niños al cumplir el año eran secuestrados también, y ninguna familia quería
dar hijos por miedo a que fuesen secuestrados.
El reino se desestabilizó por completo, hasta que terminó
desapareciendo lentamente a causa de que no había más habitantes. El reino
oficialmente pereció, cayendo en ruinas.
-Ahora, si me siguen, podrán ver la siguiente pieza del
museo, una pintura sobre la princesa, quien era sospechosa de hacer dichos
secuestros- dijo la chica que le contaba a los niños aquella fascinante
historia. Todos los demás le siguieron emocionados, excepto un joven de
cabellos rubios y ojos oscuros, que se quedó mirando la corona con detención...
No hay comentarios:
Publicar un comentario