miércoles, 21 de octubre de 2015

Escuela de Androides - 6



Educación Física. No precisamente mi materia favorita en el instituto, pero tampoco lo eran las matemáticas. Mi contextura era delgada y no tenía mucha capacidad física. Por esa razón agradecí no ver esa materia en este instituto, pero sabía de su existencia, después de todo, Jack veía esa materia. No entendía en qué necesitaba un androide educación física, lo más probable es que fueran enseñanzas deportivas, pues hasta donde sé, los robots mantienen su piel, "músculos" y partes del mismo modo, sin necesidad de "entrenarlas"; a diferencia de los deportes, que ellos jugaban entre sí para alegrar algún público que tenía preferencia por juegos más fuertes. En mi caso, prefería los deportes humanos, pero no era muy fanático como para decir si me gustaba o no el deporte autómata. Como ese día Jack me había invitado a ver su partido de práctica, decidí ir. No me apetecía estar con él, pero estoy aquí para estudiar cómo funciona la educación autómata, y tengo que ver como hacen deporte. Me senté en las gradas de la cancha, que era al aire libre, y empecé a observar a los androides. A diferencia de lo que uno llamaría "calentamiento" o "entrenamiento", estos se dedicaban era a pasar el balón entre sí, como si ya estuviesen casi jugando. Poco entendía yo sobre las mecánicas del juego, pero podía ver que la cancha era larga, y los autómatas aunque no eran más rápidos que un competidor mundial, igual eran potentes y fluidos en el juego. Fuera de los jugadores (reconocibles por el uniforme) y el entrenador, eran sólo 3 personas las que veían el partido de práctica. El partido acababa en el poco tiempo de 30 minutos, y yo lo vi en su totalidad, viendo como el grupo de Jack (y del gorila que me golpeó) ganaba el juego. Al terminar se quedaron celebrando y discutiendo, en conjunto con el entrenador, todos los errores que han tenido -errores- dije al escucharles -un autómata debería ser a prueba de errores...- comentaba para mí mismo, hasta que Mia salió sorpresivamente detrás mío a explicarme -No exactamente- dijo, sacándome la lengua. Me explicó, con sus propias palabras, que los autómatas tienen un margen de error, que se pierde mientras más veces realicen una acción -Como los humanos, el margen se reduce al mínimo pero no se pierde-, me dijo que no sabía por qué era eso, que simplemente así eran, y así a ella le alegraba. Decidí no cuestionar más y lo deje así.
El resto de la semana no fui a nada que no fuesen las clases y la cafetería a desayunar, almorzar y cenar. Al parecer, Mia veía unas pocas clases conmigo, y a ella le alegraba mucho. Para ser una chica tan alegre y amigable, no parecía pasársela con nadie que no fuera yo. Sonaría absurdo, pero siempre estaba encima de mí. De alguna forma, me sacaba una sonrisa saber que ella estaba cerca, pero seguía viendo inútil que ella comiera comida perfectamente comestible -¿Tu sientes el sabor de esa comida?- le llegué a preguntar una vez -Pues mejor que tu- dijo, señalando el hecho de que yo casi tragaba mi comida y ella la comía con pausas para masticar y saborear, que aunque podrían ser innecesarias, allí estaban.
Las 2 semanas habían terminado, y me sentía igual de estresado que en mi previa escuela. El trabajo parecía el mismo, y tampoco hacía muchos amigos aquí, además de Mia. Aburrido, fui a su habitación un día, para que fuésemos juntos a clases. Al abrirse la puerta, apareció frente a mí, con su rubio blanquecino cabello, adornado de orejas de gato de color blanco como hojas de papel; vestía ropa como la de siempre, pero añadido una cola de gato color negra, que se movía de forma casi independiente -¿Nyan?- dijo...

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